
La triste soledad.
El triste despertar.
Qué frios son esos días en los que, tristes y frios, solo nos muestran un lado oscuro y poco acogedor. Días en los que, cuando nuestro corazón no muestra la felicidad que lleva en su interior, la sombra de la anelada lluvia se vuelve un tanto siniestra e incluso desagradable.
Hoy, tras un verano adelantado, ha llovido. Poco tiempo y mucha cantidad, cosa que a veces, solo causa problemas, pero tras la sequía que vivimos, no es mal tiempo, sino una bendición.
Soy joven y, en la soledad, me gusta leer. Encuetro en los libros un sinfín de mundos que me hacen volar e imaginar lugares que quizás nunca conoceré. Y en compañía también leo, aunque, quizás, una compañia un poco extraña. En el metro, me siento cuando la afluencia de gente lo permite y en la soledad que el asiento silencioso ofrece, saco un libro del bolso y continuo inmiscuida en una historia que me suele hacer olvidar la cruda realidad en la que vivimos, la soledad de cada uno de nosotros, de los que, en el metro, rodeados de gente, nos adentramos en nuestros pensamientos, en nuestros problemas o nuestras maravillosas vidas y sin prestar atención a los que nos rodean, hacemos un trayecto un tanto ausentes.
Por ello me gusta leer. Porque por un rato al dia, puedo olvidar todo lo que me rodea y pensar que vivo en ese libro que tengo entre las manos.
Así, hoy al salir del metro, y viendo que la lluvia daba una tregua a mi ser despregido sin paraguas, he frenado un poco el paso habitual al que suelo andar, para disfrutar del aire puro y refrescante que extrañamente se respiraba por la calle.
La sensación tan agradable de frescor moderado, y suave brisa limpia de polución, ha producido en mi ser un efecto relajante y sedante, a la par que agradable y bienvenido.
Así, al cerrar el libro y bajarme en mi parada, mientras volvia a la realidad de los pasos mecánicos por los pasillos del metro, la sensación de libertad a la subida de los úlimos peldaños, ha producido en mi, un alargamiento de la vida en ese submundo de los libros. No he pensado que vivo en la ciudad, y que cada coche, contamina el ambiente que nos rodea. Todo lo contrario, he disfrutado de cada paso, de cada rafaga de aire que limpiaba y refrescaba mis pulmones.
Mañana, aunque no haga sol, sería una agradabilísima sensacion, abrir la ventana al levantarme y notar esa fresca sensación de limpieza, de cuando llueve toda la noche. Esa sensación de limpieza en el aire, en las calles. El olor a tierra mojada y el brillo de los árboles al pasar a su lado.
La triste soledad en la que nos embarcamos cada mañana al salir de casa, depende de nosotros mismos, de como nos planteemos la vida, de cómo queramos vivir el día. Un pensamiento positivo, hace más que cualquier otra cosa.
Vive la vida, como si no hubiese un mañana. Sin excesos, pero sin defectos.
